La Alpujarra ha estado habitada desde, al menos, el Neolítico, y fue sucesivamente colonizada por íberos y celtas, por la antigua Roma, y por visigodos, sin embargo esta región es conocida por su pasado árabe ya que desde el siglo VIII acogió a inmigrantes procedentes de los califatos del Magreb.
Los moriscos dividieron esta hermosa zona en doce distritos llamados “tahas” cada uno con su propia fortaleza o castillo. Esta fue una época muy próspera debido sobre todo a su importante producción de seda, también destacaba la industria del cuero y la agricultura, favorecida por el sistema de riego morisco, que actualmente se sigue usando.
Con la conquista cristiana del reino nazarí de Granada, la Alpujarra fue el hogar de Boabdil, último rey morisco al que se le permitió retirarse a esta zona aunque, al poco, los cristianos incumplieron el acuerdo, y el rey Boabdil fue enviado definitivamente a África.
La Alpujarra se convirtió en el refugio de los moriscos hasta pasado un siglo desde su expulsión del resto de España. Debido a su singular enclave les permitió mantenerse a salvo de los ejércitos cristianos, pues se trata de una zona de profundos valles con pocos puntos de acceso entre las montañas.
Durante el siglo XIV se producen numerosos levantamientos y conflictos dentro de la Alpujarra originados por la entrega de tierras a cristianos, a pesar de las Capitulaciones firmadas por Boabdil que garantizaban a los musulmanes el derecho a preservar sus propiedades, creencias y costumbres. A finales de este siglo los ejércitos cristianos logran entrar en las Alpujarras y tras dos años de conflictos los moriscos fueron vencidos, los supervivientes musulmanes fueron trasladados a otras regiones del país, aunque algunos permanecieron en la región hasta 1610, año en el que fueron expulsados de España todos los moriscos.
Toda la zona quedó devastada tras un siglo de luchas, la Alpujarra fue repoblada por agricultores procedentes del centro y norte del país, debido al deterioro de su economía la zona quedó olvidada hasta mediados del siglo pasado, cuando aparece el turismo y origina la mejora de las comunicaciones a esta singular región. La influencia de la población morisca se puede observar en la agricultura, la arquitectura cúbica, la gastronomía local, el tejido de alfombras y numerosos nombres de lugar de origen árabe.